Demasiado tarde para correr, el metro había cerrado sus puertas antes de que lograra bajar las desgastadas escaleras de mármol, lo supo porque el timbre y el ruido del escape de aire casi nunca mienten. Otra vez le descontarían el día de trabajo y no era para menos. La gente volteó a verla en el instante en que sus tacones golpeaban fuertemente con el piso y ella tronaba la boca maldiciendo en voz baja. Sus cabellos chinos aún húmedos se deslizaron ligeramente hacia enfrente mientras frenaba su cuerpo de manera abrupta, exhaló y se sumergió en un lamento prolongado.
Unos minutos antes había decidido prender la televisión para que le hiciera compañía mientras se arreglaba, corrió hacia la cocina para darle de comer al gato que chillaba como bebe. Lo acarició un rato hasta que se tranquilizó. Puso poca atención a lo que decía el presentador del noticiero, pero entre líneas, escucho que el transito estaba pesado hacia la zona centro de la ciudad, ella iba al lado contrario. El café ya estaba listo y comenzó a tirarse por el borde de la olla, el sonido que hacia al chocar con la parilla la hizo volver a la cocina corriendo para apagar la estufa. Se sirvió la bebida en una taza blanca con el dibujo de un oso abrazando un corazón. Le dio un sorbo que le quemo la lengua. Caminó hacia el cuarto pensando en los pendientes del día como si estuviera leyendo una nota fosforescente pegada al refrigerador. Repaso el listado en su cabeza hasta que quedó mas confundida. Abrió el cajón de arriba del closet y tomó las primeras medias que estaban a la mano, le gustaba el orden pero le faltaba tiempo para llevarlo a la practica. Antes de salir de la habitación se quedó frente al espejo durante unos minutos contemplando su figura, girando en su propio eje, poniendo especial atención en sus tobillos. Cuando se encontraba abriendo la puerta de la calle, se despidió del gato y se puso los zapatos sin agacharse.
Salió de la estación del metro más cercana a su trabajo, decidió presentarse mas tarde ya que ni siquiera le iban a pagar ese día. Iba pensando en la excusa que le ofrecería al jefe, aunque ambos supieran que era mentira. Cuando finalmente se le ocurrió culpar a su mascota, inventándole una enfermedad que los llevo de urgencia al veterinario y que la mantuvo en espera que dieran de alta al animal, hasta la hora en que debiería de entrar a trabajar. Como no lo podía llevar consigo, tuvo que regresar a su casa lo cual le daba el tiempo suficiente para poder darse una vuelta por ahí.
Se dirigió sin rumbo a un parque cercano en donde los barrenderos guardaban sus herramientas y se tiraban en el pasto a platicar y molestarse. Desde que había salido de su casa tenia vagos recuerdos del sueño de la noche anterior, al parecer había dormido bastante mal. Continuaba caminando deprisa a pesar de haber decidido tomárselo con calma. La fricción de sus medias hacía un ruido constante que solo ella alcanzaba a percibir. De niña le causaba una fascinación extraña el sonido que hacían las hojas secas al ser aplastadas. Pero pensaba que tal vez esas hojas habían hecho un largo recorrido para caer al suelo y sentía feo que en un instante al pisarlas por mero placer, estas se convirtieran en polvo.
Regresó a su casa cuando el cielo estaba oscureciendo, se quitó el uniforme con olor a almidón y lo dejó en su lugar. Volvió a servirle comida al gato en el plato de aluminio, prendió el televisor para escuchar las noticias y se calentó la taza de café que había olvidado esa mañana.
Unos minutos antes había decidido prender la televisión para que le hiciera compañía mientras se arreglaba, corrió hacia la cocina para darle de comer al gato que chillaba como bebe. Lo acarició un rato hasta que se tranquilizó. Puso poca atención a lo que decía el presentador del noticiero, pero entre líneas, escucho que el transito estaba pesado hacia la zona centro de la ciudad, ella iba al lado contrario. El café ya estaba listo y comenzó a tirarse por el borde de la olla, el sonido que hacia al chocar con la parilla la hizo volver a la cocina corriendo para apagar la estufa. Se sirvió la bebida en una taza blanca con el dibujo de un oso abrazando un corazón. Le dio un sorbo que le quemo la lengua. Caminó hacia el cuarto pensando en los pendientes del día como si estuviera leyendo una nota fosforescente pegada al refrigerador. Repaso el listado en su cabeza hasta que quedó mas confundida. Abrió el cajón de arriba del closet y tomó las primeras medias que estaban a la mano, le gustaba el orden pero le faltaba tiempo para llevarlo a la practica. Antes de salir de la habitación se quedó frente al espejo durante unos minutos contemplando su figura, girando en su propio eje, poniendo especial atención en sus tobillos. Cuando se encontraba abriendo la puerta de la calle, se despidió del gato y se puso los zapatos sin agacharse.
Salió de la estación del metro más cercana a su trabajo, decidió presentarse mas tarde ya que ni siquiera le iban a pagar ese día. Iba pensando en la excusa que le ofrecería al jefe, aunque ambos supieran que era mentira. Cuando finalmente se le ocurrió culpar a su mascota, inventándole una enfermedad que los llevo de urgencia al veterinario y que la mantuvo en espera que dieran de alta al animal, hasta la hora en que debiería de entrar a trabajar. Como no lo podía llevar consigo, tuvo que regresar a su casa lo cual le daba el tiempo suficiente para poder darse una vuelta por ahí.
Se dirigió sin rumbo a un parque cercano en donde los barrenderos guardaban sus herramientas y se tiraban en el pasto a platicar y molestarse. Desde que había salido de su casa tenia vagos recuerdos del sueño de la noche anterior, al parecer había dormido bastante mal. Continuaba caminando deprisa a pesar de haber decidido tomárselo con calma. La fricción de sus medias hacía un ruido constante que solo ella alcanzaba a percibir. De niña le causaba una fascinación extraña el sonido que hacían las hojas secas al ser aplastadas. Pero pensaba que tal vez esas hojas habían hecho un largo recorrido para caer al suelo y sentía feo que en un instante al pisarlas por mero placer, estas se convirtieran en polvo.
Regresó a su casa cuando el cielo estaba oscureciendo, se quitó el uniforme con olor a almidón y lo dejó en su lugar. Volvió a servirle comida al gato en el plato de aluminio, prendió el televisor para escuchar las noticias y se calentó la taza de café que había olvidado esa mañana.

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